Ben Simmons, un pequeño lunar entre tanta luz

El halago debilita. Por eso hoy, en plena ola de agasajos y lisonjeo, nos ponemos quisquillosos. Ben Simmons ha salido de tacos con la fuerza con la que Noureddine Morceli encaraba en sus buenos años un sprint. Localizamos, no sin esfuerzo, el lunar del novato.

 ¿Qué está haciendo el de los 76ers en este primer 1/9 de Liga?
 De todo. Absolutamente. Simmons anota (17,8), Simmons rebotea (10,8), Simmons asiste (8) y Simmons roba balones (1,7). Simmons, un rookiedesvergonzado que flirtea con el triple-doble casi cada noche y que no está pagando ni el IVA de la factura tras pasarse toda una temporada en blanco. El nuevo ADN Sixer arrastra epigenia del Joker, inyectada en Simmons y también en Joel Embiid a base de bien —lo que no te mata…—.

Asignaturas pendientes

¿Hay algo que no esté haciendo Simmons? Si, tirar de tres. Pero eso ya lo sabíamos. Aquel workout fue un espejismo cruel. Por ahora está comedido. Demasiado pronto para embutirse en camisas de once varas. 0 de 5 lleva.

La seguridad del vídeo de arriba, con fecha del pasado verano, no la estamos viendo replicada en lo que va de curso, desconozco si por falta de arrojo y exceso de inteligencia—Simmons, perro fiel del amago y penetración—. Pero peor es que esa falta de firmeza en su muñeca se agrava aún más conforme nos acercamos a la canasta y empiezan a constreñirse tanto el reloj como el marcador. Nos referimos a dos cosas distintas que terminan por cruzarse: el tiro libre y el clutch.

Ayer, hacíamos mención a la mala racha que está sufriendo Russell Wetbrook desde la línea de personal. Pero solo es eso; una mala racha. Nueve años de fiabilidad avalan nuestra calma.

Simmons, por su parte, es nuevo en el mundillo. Un recién llegado al que, sin embargo, le antecedía una fama; y en este caso no de las buenas. El all around player australiano tiene un problema severo con el tiro. Y no sólo con el tiro tras bote, en catch&shot o en transición: también con el realizado en estático y sin ningún punteo.

Simmons aterrizó en la NBA como un número 1 del Draft que no se fiaba de sí mismo en los instantes críticos de partido. Eso, en un jugador destinado acapararlo todo —focos, miradas, protagonismo, y toma de decisiones en momentos calientes—, puede convertirse en un problema.

 

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