El doble de Klay Thompson se cuela en las entrañas del Oracle Arena

¿Quién es más popular, Klay Thompson o Dawson Gurley? Sencillo, ¿verdad? Porque mientras el primero apenas supera el millón de seguidores en su perfil oficial de Twitter, el segundo rebasa los tres millones de suscriptores en su cuenta de Youtube.

Dicen que todos tenemos al menos un doble de cara en alguna parte del mundo. Lo normal es que no lleguemos a conocerlo nunca. Pero cuando esto se da, detrás suele esconderse una misma realidad. Del dúo, uno al menos ha triunfado en la vida. Y con triunfar queremos decir que su rostro, de un modo u otro, se ha hecho mediático. Deporte, cine, música, suelen ser las disciplinas que anteceden su fama.

En unos pocos casos, al percatarse de su reflejo, el doble en cuestión opta por subirse a la ola, y a partir de ahí el cachondeito está asegurado: selfies, autógrafos, saludos, vaciles, y a menudo una instantánea final que termina por reunir a ambos mellizos no-de-sangre, quedando el resto invitados a encontrar las siete diferencias.

Mucho más que un doble

La noticia aquí está en que en el caso de Klay Thompson, su doble es mucho más que un simple doble. Como decíamos, es un fenómeno de Youtube con una historia de lo más propia. Su canal, BigDawsTv, es, desde hace tiempo, un genial conglomerado de bromas, troleos y peripecias. 

Y si ya uno podía adivinarle un cierto parecido con el tirador de los Warriors, duplicar su barba de candado ha sido el paso definitivo. Y nos ha mostrado a todos como, sólo con el afeitado apropiado y una camiseta de los Warriors, lo lejos que se puede llegar. Hasta las mismísimas entrañas del Oracle Arena, cruzando sin el menor problema las barreras de seguridad.

Luego, asientos justo tras el banquillo de los Warriors donde Kevin Durant no podía contener la risa al verle y Curry le miraba con cara de sentirse tentado a pasarle el balón y levantar la mano en señal de splash —o chof—.

Dawson Gurley, un artista al que no hicieron caso en todo el partido ante los Rockets, a pesar de recordarnos una y otra vez que “¡estaba sólo!”, pero que lleva años mentiéndolas de tres en tres.

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